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El viaje de Schneider

  • Foto del escritor: Sin Filtro Apc
    Sin Filtro Apc
  • 27 may 2021
  • 3 Min. de lectura

Por: Juan Esteban Palacio Bailon


Un alemán bigotudo, con una nariz recta, estatura promedia y ojos azules. Vivía en una de las ciudades alemanas más pobladas, Dresde, en un apartamento pequeño de un edificio que parecía un hospital psiquiátrico al que nadie en su sano juicio le gustaría pasar la mayor parte de su vida en él; aunque el departamento de Adler Schneider no estaba mal una habitación, un baño con regadera y una pequeña cocina eran suficientes para Adler. Una mañana este recibió noticias en su correo, eran sobre el asilo, y al acabar de leerlas decidió hacer un viaje; sin embargo no sabía que esta pequeña travesía de una semana cambiaría su personalidad, clase social y vida en general. Una mañana lluviosa emprendió su travesía a Hannover, ciudad en el centro del país. Este hacia un viaje de visitas, de un par de semanas al asilo; pues su tío Clemens Schneider, el único familiar restante en la familia, padecía de cáncer y se encontraba en su lecho de muerte.


Una vez dentro de la estación central de Dresde, con todo lo necesario para el viaje, embarcó en su tren. “Asiento 915” se dijo y dirigió a este. Llegada la hora de partida, decidió ocupar su tiempo a dormir; pues no tenía mucho que hacer. Dos horas después, se dirigió al bar donde ordenó una botella de agua y un paquete de galletas. El alemán, caminando por los pasillos del tren en movimiento, llegó a su asiento; sin embargo otro pasajero lo había ocupado. Adler amablemente pidió que se retirara de su asiento. Este se rehusó sin embargo la madre, del que le había arrebatado el asiento, actuó rápidamente y lo sacó del asiento. El alemán satisfecho se dio la vuelta para agradecer, sin embargo habían desaparecido, como si nunca hubieran estado, como si se hubieran esfumado. Una vez sentado se percató que el niño había dejado un muñeco de peluche, este era un oso polar con el uniforme de piloto de “Finnair”. Adler reconoció rápidamente esa aerolínea debido a que años antes su familia había fallecido en un accidente aéreo de aquella aerolínea donde el avión fue derribado por un misil soviético. Estos recuerdos le trajeron tristeza, se quedó frío y sin poder moverse por unos momentos. Pasaron un par de minutos para que Schneider vuelva a la realidad, una vez un ella guardó el oso en su mochila por si veía otra vez al niño. Después de comer el paquete de galletas y tomar un sorbo de agua, empezó a escribir una carta. Fue inusual, debido a que esta le tomó mucho tiempo como si fuera un libro de memorias, autobiografía o un testamento. No pudo terminarla para el desembarco y la guardo para escribirla más tarde en un lugar más seguro como la habitación del hotel. Saliendo de la estación se encontró con la sorpresa de hallar al niño, él y su madre estaban a unos 20 metros, así que empezó a caminar para devolver el objeto perdido; pero en el momento en el que el alemán buscaba en su mochila el oso, la madre se dio cuenta de su presencia y se echó a correr junto a su pequeño. Adler se dio cuenta cuando sacó el peluche, así empezó la persecución, y él también se echó a correr. A las cuatro cuadras Adler perdió de vista a la madre y el hijo debido a la gran cantidad de personas. Con su intento fallido de devolver el objeto perdido, tomó un taxi para llegar al hotel “Langenhagen Hannover”. Este viaje le tomó media hora por el tráfico y la lluvia intensa. Al llegar fue recibido con amabilidad por uno de los botones, quien le indicó la recepción. Con sus maletas siendo llevadas por el mismo botones que lo recibió hacia su habitación, el alemán decidió hacer una cosa antes de subir; y se dirigió a la parte trasera del hotel.


Cuando termino de hacer lo requerido, se dirigió al interior del hotel y cenó cómodamente en el comedor; subió a su habitación, la número 501. Finalmente instalado en ella, escribió las palabras faltantes a su carta, leyó un par de capítulos de su libro y fue a la cama cerca de las 10, pues mañana sería un día largo y triste. Un


a vez llegada la medianoche, alguien tocó la puerta con desesperación. Adler asustado por el ruido, mal dormido y sin más remedio la abrió con intriga, quién podría tocar la puerta de tal manera? Era su hermano. Acabada la noche, cuando el personal de limpieza entró a la habitación, se encontraron rastros de una pelea y un cadáver. Dos horas después, policías, pocos ex-miembros de la KGB y médicos forenses estaban en todas partes del hotel donde Adler Schneider se había hospedado, este había desaparecido sin rastro alguno. La búsqueda policial había empezado.



 
 
 

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